martes, 10 de junio de 2014

EL EQUILIBRIO HÍDRICO

El agua, en el organismo, se encuentra distribuida en dos compartimentos: el intracelular y el extracelular. El primero representa del 50% al 60% (55% de promedio) del agua corporal total en el adulto sano. El agua extracelular es la parte acuosa de los líquidos extracelulares, el líquido intersticial y el plasma, y también forma parte de los sólidos extracelulares (dermis, colágeno, tendones, esqueleto, entre otros). El agua intracelular ocupa alrededor del 20% del total, del cual el 8% aproximadamente se encuentra en la sangre. El volumen de agua de la sangre, relativamente pequeño, resulta fundamental para el correcto funcionamiento del cuerpo y debe mantenerse constante.

En condiciones normales de salud, la cantidad de agua que necesita el organismo está condicionada por la necesidad de que los líquidos corporales tengan el volumen y la concentración osmótica precisos para asegurar las funciones biológicas.

El agua se absorbe en el organismo en distintos tramos del tubo digestivo por complejos mecanismos de absorción, y los riñones se encargan de eliminar el exceso como parte de la orina. Estos órganos pueden excretar varios litros de orina diarios, o bien conservar el agua eliminando menos de medio litro cada día. La concentración de agua presente en el organismo está ligada a la cantidad de electrólitos. Así, el nivel de sodio en la sangre es un buen indicador del volumen de agua que existe en el organismo. El cuerpo trata de mantener el nivel de agua total y, por tanto, una concentración constante de electrolitos, entre ellos el sodio. Cuando éste es elevado, el cuerpo retiene agua para diluir el exceso de sodio, aumentando la sensación de sed y produciendo menos orina. Por el contrario, cuando la concentración de sodio desciende demasiado, los riñones excretan más agua para restaurar el equilibrio.

La concentración de agua está equilibrada cuando se compensan las pérdidas diarias y, para ello, las personas sanas, con un funcionamiento normal de los riñones y que no transpiren en exceso, deben beber al menos un litro y medio de líquido cada día. De esta manera, se consigue mantener en equilibrio el volumen sanguíneo y la concentración de las sales minerales disueltas (electrólitos) en la sangre. El sudor, una alimentación muy salada, los vómitos y las diarreas duraderas o infecciones diversas acompañadas de fiebre aumentan las necesidades de ingerir agua




lunes, 9 de junio de 2014

POTOMANÍA, EL EXCESO DE AGUA TAMBIÉN ES PELIGROSO...



Estamos muy acostumbrados a escuchar hablar de los trastornos de la alimentación haciendo referencia a la obesidad, la bulimia y la anorexia (ver artículo: "Anorexia y Bulimia: la mirada de una nutricionista"); pero hay muchos otros que caen en la denominación de TANE (Trastornos Alimentarios No Especificados). Entre los TANE encontramos la ortorexia (ver artículo “Ortorexia: La obsesión por la comida sana”), los comedores compulsivos, la pica (consumo persistente y compulsivo de substancias no alimentarias o con poco valor nutritivo, por ejemplo: pagofagia –hielo-, geofagia –tierra-, tricofagia –pelo-, entre otras) y la potomanía.

La palabra “potomanía” proviene del griego "potoç” (bebida, agua potable) y “µavia” (manía). Podríamos decir que es “la manía o compulsión por beber agua”. Esto se hace compulsivamente, sin tener sed y la persona experimenta una sensación de placer al consumirla. Se pueden llegar a beber 8-10 y hasta 15 litros de agua diarios, dependiendo la gravedad del caso.

Ahora bien, si nuestro cuerpo tiene un 60-70% de agua y siempre los nutricionistas insisten en tomar agua, ¿hay un límite saludable?, ¿por qué hace mal? Intentaré irlo explicando a lo largo de este artículo.

QUE ES LA POTOMANIA

La potomanía es un trastorno alimentario no especificado (TANE) que se define como el deseo de beber grandes cantidades de líquido, generalmente agua, de manera compulsiva y sin que exista una sensación previa de sed. También se denomina polidipsia psicogénica.

Esta ingesta masiva proporciona a la persona afectada una sensación placentera, por lo que puede llegar a ingerir entre 8 y 15 litros de agua, dependiendo de la gravedad del caso.

Beber más de dos o tres litros de agua diarios deja de ser beneficioso para el organismo y resulta nocivo para la salud, porque puede alterar el correcto funcionamiento de los riñones y la composición de la sangre (que debe contener un 8% de agua), y pone en peligro el equilibrio de fluidos y electrolitos dentro del organismo.